Esclava de su señor
desde que sus ojos abre
cubriendo de dolor
su cuerpo y sus andares.
Sus ojos ocultos
por un cristal transparente
reflejan el mar de sufrimiento
que la aflige y la envuelve.
Sus lágrimas corren silenciosas
a lo largo de sus mejillas
deslizándose por sus dedos
hasta caer en las cenizas.
PRECIOSA CONCHI
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